miércoles, 28 de febrero de 2007

LA DESCENTRALIZACION EN CHILE UN DISCURSO RETORICO

Existe un denominador común en el discurso de las distintas corrientes de opinión de la política chilena, referente a la descentralización territorial como objetivo deseable en la organización de los poderes públicos del Estado.
Pero al momento de concretar en que consiste, o debe consistir, esta deseada descentralización, la unidad del discurso se quiebra.
La descentralización es la transferencia de las competencias desde la autoridad administrativa central, a los entes jurídicamente diferenciados de aquel, es decir dotados de personalidad jurídica y patrimonio propio y que no le están jurídicamente subordinados, sino sometidos a su supervigilancia. En definitiva, la descentralización no es otra cosa que el reparto vertical del poder entre diferentes niveles del gobierno.
La descentralización es una necesidad existencial de un Estado que quiere prestar mejores servicios a sus ciudadanos, modernizar sus estructuras y ser un factor de desarrollo más que un rémora al mismo.
En realidad, la descentralización regional en Chile, es formalmente un hecho. Las dudas comienzan a surgir en el momento en que se suscita la cuestión de si efectivamente el proceso de regionalización está afectando en lo sustancial al escenario político-administrativo, o se trata más bien de una escenografía que poco o nada tiene detrás. No en vano se ha hablado por parte de algún político de “gobiernos regionales de mentira”.
Por otra parte, conviene desmontar de una vez por todas, la falsa disyuntiva entre Estado Unitario y Estado Federal. Un Estado puede ser perfectamente unitario y tener una descentralización local o regional muy acusada. Si un Estado profundiza en la descentralización, ello no implica necesariamente, que vaya a transformarse en un Estado Federal, siendo además muy discutible que exista una fórmula típica que encuadre hoy en día a lo que se denomina genéricamente Estados Federales. En consecuencia, Chile puede intensificar su proceso de descentralización sin miedo ni temor a hundirse en las oscuras aguas del federalismo; es decir manteniendo su carácter de Estado unitario.
En lo que respecta a las debilidades, cabe traer aquí brevemente a colación tres de ellas. La primera consiste en que es muy difícil articular un proceso de descentralización regional, que, en lo político mantiene el mismo centralismo que conocemos desde, por lo menos, la Constitución de 1925. En Chile, a diferencia de los países europeos, el ejecutivo del gobierno regional no es un representante de la región, elegido libremente. En nuestro sistema es un representante del Presidente, designado por el mismo. Surge aquí el conflicto de una Administración Regional que pretende una cierta autonomía, pero en cuya cabeza se encuentra un representante del Presidente de la República. La segunda se refiere también al plano organizativo, pues no se puede construir un nivel de gobierno territorial sin que éste no disponga de su propia Administración Pública y de su aparato burocrático específico, diferente de la Administración desconcentrada del Estado en ese territorio. Y la tercera hace mención a las competencias de la Región; ésta debe tener un ámbito material de actuación definido y vías de financiación para hacer efectivo el ejercicio autónomo de sus atribuciones, pues sin autonomía financiera la autonomía política o administrativa no dejan de pertenecer al terreno de la pura ficción.

viernes, 26 de enero de 2007

Tamaño del Estado y corrupción

Los Estados modernos se caracterizan por tener administraciones reducidas, con capacidad para ejercerlas en democracias participativas. Frente a esta afirmación cabe preguntar ¿es el tamaño del Estado Chileno adecuado?. Pienso que no lo es.
En los últimos tres gobiernos, el tamaño del Estado ha crecido, se han creado nuevas reparticiones públicas y ha aumentado el gasto público. Actualmente Chile cuenta en su gobierno con 19 Ministerios, más organismos que tienen rango ministerial, tales como: Servicio Nacional de la Mujer, Comisión Nacional de Desarrollo Tecnológico, Comisión Nacional de Medioambiente y Corporación de Fomento de la Producción. Chile tiene una estructura de Gobierno mas grande que la de Francia, que tiene 16 Ministerios que administran servicios para 60 millones de ciudadanos franceses en Europa y algo más de 2 millones en territorios en ultramar.
En teoría de la Administración se enseña que un adecuado "tramo de control " es el número de subordinados bajo el mando de un ejecutivo o gerente, que le permite realizar de la manera más eficiente sus funciones de dirección, coordinación y control. Me da la impresión que 23 Ministros en el caso de Chile son demasiados, considerando además que estos desempeñan labores complejas. La posibilidad de la Presidenta Sra. Bachelet, de reunirse con cada ministro individualmente es de uno en veintitrés, lo cual evidentemente deteriora la oportunidad y eficiencia de la información que la máxima autoridad del país requiere, para la toma de decisiones y el eficiente control de las políticas y planes del gobierno.
Mientras más grandes son las organizaciones, más difícil y complejas son las funciones de control y supervisión, y particularmente, en el caso del Estado chileno estas deficiencias son más evidentes, debido a que muchos ejecutivos públicos son designados preferenciando su militancia política más que por sus capacidades y competencias para la gestión del cargo.
Este tamaño desmedido del Estado chileno ha sido una de las causas del deterioro en la supervisión de sus instituciones, y ha dejado en evidencia la deficiencia de sus mecanismos, lo que ha incidido en acciones de corrupcion que ùltimamente se han denunciado, y que están siendo investigados por la justicia.